12 de septiembre de 2015

Lluís Llach y Elvira Lindo

OS SUPONGO al corriente de la historia pero, por si alguno de vosotros (me refiero especialmente a los amigos de Facebook) no lo conocierais, hago un pequeño resumen de la misma. El escenario en el que se desarrolla son las páginas de un periódico, El País, que, figurando todavía entre los dos mejores de España –me refiero a aspectos formales y editoriales–, ha optado decididamente por la beligerancia en el debate sobre la hipotética independencia de Cataluña.

Sucede que Lluís Llach, que hace siglos compuso piezas tan inolvidables como L'Estaca, convertida en himno antifranquista cuando apenas tenía 20 años, o Viatge a Ítaca, entre otras muchas, encabeza la lista por Gerona para las próximas elecciones catalanas de Junts pel Sí, lo cual ha levantado ampollas en esos ambientes de la derecha, llamémosla civilizada, para distinguirla de la montaraz de La Razón, El Mundo y compañía, a la que El País sigue suministrando el argumentario suyo de cada día.

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Pues bien, como tal candidato, y en el transcurso de una entrevista, hace unos días manifestó que si la opción independentista no triunfaba en las elecciones del próximo día 27, se iría a Senegal. ¡Y la lió! La lió, me apresuro a decir, entre gente desinformada, como Elvira Lindo, la columnista del periódico madrileño, que escribe una columna lamentable partiendo de supuestos totalmente erróneos, en la que escribe cosas como que: “Si Cataluña, finalmente, no llegara a ser independiente yo le aconsejaría a Llach que se aventurara más cerca. Tiene ciudades extranjeras mucho más cercanas, como Cádiz, como Sevilla, como Málaga, lugares de fácil integración, en las que se come bien y barato, hace un tiempo excelente durante todo el año, una belleza que nadie puede discutir, riqueza histórica y una simpatía contagiosa que a los del norte les viene muy bien. Le será fácil hacerse entender e incluso comprobará que tiene un público que aún le aplaude. Puede que hasta le acaben dedicando una calle”.

Doña Elvira ha perdido una magnífica ocasión para haber permanecido callada, porque, mire usted por dónde, Lluís Llach no se refería en tono despectivo alguno al país africano; antes al contrario, su interés por el mismo le llevó a crear hace años una ONG, sostenida económicamente por él , dedicada a mejorar las condiciones de vida de los senegaleses. Doña Elvira, siempre tan deseosa de epatar,  se ha pasado varias decenas de pueblos. (Por cierto: lo del “público que aún le aplaude” no dé si tendrá algo que ver con el esposo de la escritora, don Antonio Muñoz Molina).