Recuerdo aquella calurosa madrugada cacereña, con media ciudad en vela, mientras en el televisor en blanco y negro se veían las imágenes borrosas de algo que sucedía a casi cuatrocientos mil kilómetros de distancia. El entonces famoso corresponsal Hermida auguraba próximas conquistas espaciales, que luego han resultado lejanas, mientras acentuaba el carácter épico de lo que millones de espectadores en todo el mundo contemplábamos con la respiración contenida.

Pienso en ello hoy, cuarenta años después, cuando constato día tras día que la realidad ya no es lo que sucede ante nosotros, a mayor o menor distancia. La realidad es lo que nos quieren contar. Hay incluso quien mantiene que aquel paseo lunar fue pura ficción. No lo creo, pero es cierto que centenares de muertos violentamente en China parecen no tener importancia, mientras que el fichaje de un futbolista ocupa horas de televisión; que miles de niños muertos de hambre al año en el mundo no merecen nuestra atención, mientras un muerto en los sanfermines ocupa todas las portadas... En estos años el medio, en efecto, se ha convertido en el mensaje.