LAS ESTADÍSTICAS, ya se sabe, hay que mirarlas con lupa. Y no me refiero a eso tan antiguo de que si usted, amable lector, se come un pollo y yo ninguno, alguien diga que hemos comido medio cada uno, sino a las estadísticas que cada vez en mayor medida nos asaltan desde periódicos, revistas, televisiones... Ejemplos los hay a montones. Así, sucede que tras cada estudio publicado por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) sobre intención de voto, por poner un caso muy habitual, todos los partidos políticos sacan conclusiones favorables. Unos porque suben, otros porque no bajan, éstos porque su líder es el más valorado, aquéllos porque el suyo no es el peor calificado.
Por otra parte pienso que los periodistas debieran esforzarse en explicar a sus lectores, no siempre economistas ni sociólogos, qué quieren decir cuando utilizan expresiones como esa del crecimiento negativo de la economía, tan en boga últimamente. ¿Crecer negativamente? Algunos siempre hubiéramos hablado de decrecer o disminuir pero debemos ser unos anticuados. ¿Será que la riqueza crece, que en el caso de un país más concretamente el PIB (Producto Interior Bruto, la suma de lo que se produce, sea en bienes materiales o en servicios), aumenta pero en menor medida de cómo lo hizo antes? ¿O quieren decir que la riqueza del país ha disminuido? No vendría mal que a muchos profanos, entre ellos quien suscribe, nos lo explicaran.
Aunque no bastaría con que los entendidos nos explicaran a los demás algunas cosas, sino que sería bueno que los periodistas tuvieran un poquito más de rigor al informar. Últimamente ha podido leerse en la prensa regional, en titulares, que “los extremeños son los españoles que más usan el ADSL para su conexión a Internet”. ¡Qué avanzados estamos!, dirían algunos. Pero en realidad lo que se desprendía de una lectura atenta de la noticia era que, de entre los extremeños usuarios de Internet, aunque fueran media docena, el porcentaje de quienes utilizaban ADSL era mayor que en otras regiones. O sea: que podían ser muy pocos los que conectaran, pero entre esos pocos se utilizara la tecnología citada en mayor proporción que en otros lugares. Que es cosa bien diferente.
29 de noviembre de 2008
22 de noviembre de 2008
Obras son amores
ES SABIDO QUE el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si no, que se lo pregunten a Bono, el del tupé, no el cantante, tras su chasco con sor Maravillas. O a Fernández Vara, tras ver cómo le han saltado a la yugular la oposición y la opinión pública al poco de anunciar sus últimas decisiones. Y si hablo de la opinión pública, con los matices que se quiera, es por los comentarios que sobre la prometida austeridad de la Administración autonómica se han visto en las webs de la prensa regional. Mucho más abundantes, por cierto, en días laborables que en festivos, aunque cupiera suponer que es en estos últimos cuando la gente tendría más facilidad para escribirlos.
El caso es que, como se sabe, Vara reunió a centenares de personas que ocupan altos cargos y puestos de libre designación en la Junta para anunciar una reducción del gasto público. Eran tan ilustrativas las imágenes del concurrido lugar en que se hizo el anuncio que cualquiera pudo pensar que la primera consecuencia de él sería la reducción a la mitad de tan descomunal plantilla de trabajadores. Pero no, todo quedó en que habría que dormir en hoteles de menos estrellas, no usar los móviles oficiales para llamar a la familia y cosas así.
Lo que estaría lejos de suponer Vara es que sus buenas intenciones, de las que no hay por qué dudar, desataran el aluvión de críticas que desataron, favorecidas por actuaciones que, aparentemente, desmentían los propósitos anunciados. La compra del coche de lujo por una consejera (eso de que fue para ahorrar en combustible resultó risible) o la instalación de un despacho a domicilio a otra son quizás asuntos menores, pero no parecen casar con lo prometido. Como no casan otros gastos de mayor cuantía –ciertas campañas publicitarias, por ejemplo– que, según mi criterio, habría que criticar antes que esos. Pero, en fin, parece que al final imperó el sentido común y el presidente de la Junta admitió como bueno que la oposición “evidencie los errores que el Gobierno haya podido cometer”. Ojalá que eso, pese a alguna palabra de más en la Asamblea, signifique que algo está cambiando y que cierta modestia está hallando acomodo en lugares poco habituados a ella.
El caso es que, como se sabe, Vara reunió a centenares de personas que ocupan altos cargos y puestos de libre designación en la Junta para anunciar una reducción del gasto público. Eran tan ilustrativas las imágenes del concurrido lugar en que se hizo el anuncio que cualquiera pudo pensar que la primera consecuencia de él sería la reducción a la mitad de tan descomunal plantilla de trabajadores. Pero no, todo quedó en que habría que dormir en hoteles de menos estrellas, no usar los móviles oficiales para llamar a la familia y cosas así.
Lo que estaría lejos de suponer Vara es que sus buenas intenciones, de las que no hay por qué dudar, desataran el aluvión de críticas que desataron, favorecidas por actuaciones que, aparentemente, desmentían los propósitos anunciados. La compra del coche de lujo por una consejera (eso de que fue para ahorrar en combustible resultó risible) o la instalación de un despacho a domicilio a otra son quizás asuntos menores, pero no parecen casar con lo prometido. Como no casan otros gastos de mayor cuantía –ciertas campañas publicitarias, por ejemplo– que, según mi criterio, habría que criticar antes que esos. Pero, en fin, parece que al final imperó el sentido común y el presidente de la Junta admitió como bueno que la oposición “evidencie los errores que el Gobierno haya podido cometer”. Ojalá que eso, pese a alguna palabra de más en la Asamblea, signifique que algo está cambiando y que cierta modestia está hallando acomodo en lugares poco habituados a ella.
15 de noviembre de 2008
Vara y la reducción de gasto
ES ENCOMIABLE el propósito del presidente de la Junta de Extremadura, el señor Fernández Vara, de reducir algunos de los gastos en que hasta ahora incurría su Administración. Alojamiento de los responsables políticos en hoteles de categoría media en lugar de hoteles de lujo, restricciones en el uso de los teléfonos móviles o supresión de los aperitivos a costa del contribuyente en inauguraciones y actos oficiales son algunas de las medidas acordadas. Y eso está muy bien, desde luego. Pero cuando me entero de que dicho anuncio se efectuó en una reunión en Mérida con centenares de altos cargos y puestos directivos de libre designación de la Junta, me viene a la memoria lo del chocolate del loro y me pregunto si no sería mucho más efectiva que todo lo anunciado la reducción, precisamente, de tan alto número de esos cientos de envidiables puestos de trabajo, que me permito suponer tan bien remunerados como de dudosa necesidad.
Políticos por exigencia del guión
LEYENDO LAS DECLARACIONES de un conocido político extremeño, que resumiré al lector enseguida, me han venido a la cabeza aquellos tiempos en que, empezando a vislumbrarse en nuestro país la desaparición de la censura cinematográfica (la que convertía en apasionados hermanos a los amantes de Mogambo pero se tragaba el genial final con trío que Buñuel urdió para Viridiana), algunas actrices, o aspirantes a ello, declaraban que sólo se desnudarían si lo exigiese el guión. No necesito decir que ya se las ingeniaban ellas para que el guión exigiera todo lo que fuera menester.
Hace unos días, en efecto, mientras tomaba café en un local en el que lo único que sobra en ocasiones es el abundante humo, consecuencia de una ley antitabaco pacata e insuficiente que se quedó en un quiero y no puedo, eché un vistazo a la enorme pantalla de televisión. Allí, nuestro ex presidente autonómico contestaba con su habitual gracejo a las preguntas más bien complacientes de una periodista. Naturalmente, se trataba de cuestiones de índole política, entre ellas las referentes a una oficina que, al parecer, se ha montado para su uso exclusivo, supongo que para que pueda utilizarla entre clase y clase de las muchas que impartirá, una vez vuelto, como se anunció a bombo y platillo, a su actividad académica e investigadora como filólogo. Y anteayer, en estas mismas páginas, se recogían otras amplias declaraciones del ex presidente en las que, con motivo de la presentación de un libro por él firmado opinaba –y está en su perfecto derecho, faltaba más– sobre el sistema autonómico, sobre quién podría suceder al actual presidente del Gobierno...
Lo que, sin embargo, me ha hecho recordar a aquellas esforzadas buscadoras de guiones exigentes han sido otras palabras pronunciadas por nuestro hombre en el acto mencionado: “No echo de menos la política”, manifestó sin inmutarse. ¡Cómo va a echarla de menos, me digo a mí mismo, con lo que el pobre se esfuerza para que el guión le obligue a practicarla continuamente!
Hace unos días, en efecto, mientras tomaba café en un local en el que lo único que sobra en ocasiones es el abundante humo, consecuencia de una ley antitabaco pacata e insuficiente que se quedó en un quiero y no puedo, eché un vistazo a la enorme pantalla de televisión. Allí, nuestro ex presidente autonómico contestaba con su habitual gracejo a las preguntas más bien complacientes de una periodista. Naturalmente, se trataba de cuestiones de índole política, entre ellas las referentes a una oficina que, al parecer, se ha montado para su uso exclusivo, supongo que para que pueda utilizarla entre clase y clase de las muchas que impartirá, una vez vuelto, como se anunció a bombo y platillo, a su actividad académica e investigadora como filólogo. Y anteayer, en estas mismas páginas, se recogían otras amplias declaraciones del ex presidente en las que, con motivo de la presentación de un libro por él firmado opinaba –y está en su perfecto derecho, faltaba más– sobre el sistema autonómico, sobre quién podría suceder al actual presidente del Gobierno...
Lo que, sin embargo, me ha hecho recordar a aquellas esforzadas buscadoras de guiones exigentes han sido otras palabras pronunciadas por nuestro hombre en el acto mencionado: “No echo de menos la política”, manifestó sin inmutarse. ¡Cómo va a echarla de menos, me digo a mí mismo, con lo que el pobre se esfuerza para que el guión le obligue a practicarla continuamente!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)